jueves, 5 de noviembre de 2015

Escondete


Escondete

El reloj me miró fijamente con sus ojos rojos, señalándome que él vendría pronto. Siempre viene a la hora de las brujas. Por supuesto que no sabía que la hora de las brujas era a las tres de la madrugada hasta que le comenté a mi amigo sobre mi merodeador nocturno. La hora de las brujas es el momento de la noche cuando Dios es más débil y todos los demonios y sirvientes del Mal vienen al mundo. Pero este hombre no es ningún diablo de tres cuernos; se ve viejo y solitario. Le tengo lástima, probablemente fuera un vagabundo sin familia ni amigos de los que hablar.
Cada noche está ahí, sentado en nuestro jardín trasero. Cada noche quiero ir a hablarle, pero no puedo juntar el valor. Sólo se sienta en el columpio de llanta y murmura algo para sí mismo. Afortunadamente no tengo árboles cerca de la ventana de mi cuarto, o lo que sea que pudiera bloquear mi visión de él. Mi amigo dice que es una trampa para atraerme afuera. Dice que un niño pequeño como yo no piensa bien tan tarde en la noche, una carnada fácil para el Príncipe de las Tinieblas.
Quizá mi amigo tiene un punto. No sobre la parte malvada, pero sí sobre la parte de que es poco seguro. El viejo puede estar loco. El no tener hogar debe traerle consecuencias a tu cuerpo.
No puedo verlo muy bien desde mi ventana, hoy dormiré, tal vez mañana por la noche vaya y compruebe si es o no peligroso.
La cama se veía tan cómoda que no pude evitar hundirme en ella. El viento estaba soplando muy fuerte afuera, llovía. Pude escuchar cómo una rama de árbol golpeaba mi ventana. Suponía que el hombre tenía frío; me preguntaba si sería lo suficientemente listo para conseguir refugio. Mis ojos se ponían extremadamente pesados, pero el golpeteo no me permitía dormir. Miré directamente a la oscuridad, cuando un escalofrío me recorrió la columna vertebral: «no tengo un árbol cerca de mi ventana».
Me quedé acostado en la cama y miré fijamente a la ventana en el otro lado de mi cuarto. No sabía qué podía ser. Hoy era noche de luna llena… ¿qué me había dicho mi amigo sobre la hora de las brujas?, ¿todos los demonios salían?, ¿y hoy era luna llena? El doble de malo.
Las sombras en mi habitación comenzaron a juntarse alrededor de mi cama. Un pensamiento pasó por mi mente… sombras. Miré por la ventana. Ahí, a través de la cortina, distinguía la silueta de un hombre. Un nuevo miedo me recorrió, uno que no era tan ridículo como las criaturas de la noche. El hombre demente que estaba afuera, quizá sí era el Príncipe de las Tinieblas después de todo, como había dicho mi amigo… No, me estaba comportando como un niño de seis años en lugar de como el adolescente que era. La razón volvió a mí. Probablemente sólo quería refugiarse del clima y me vio a través de la ventana, así que se trepó al costado de la casa para llamar mi atención.
Pero mi corazón latía fuera de control, su ritmo era un completo caos. Aunque el miedo me tenía paralizado, necesitaba saber qué estaba del otro lado de la cortina. Una lucha entre la supervivencia y la curiosidad se desató en mí. La supervivencia ganó. Me tapé completamente con las cobijas y recé con todo mi corazón. Pedí por una señal que me indicara que iba a sobrevivir la noche. Dios me dejó saber que estaba escuchándome haciendo un sonido de golpeteo en la puerta de mi pieza. Un ritmo lento, en un tiempo constante. No se aceleraba o se debilitaba. Me senté y escuché por unos minutos… Luego paró.
Un nuevo ruido comenzó, no tan rítmico como los dos anteriores. Era el sonido de alguien caminando, alguien que estaba cada vez más apurado, alguien que estaba en mi cuarto. Los pasos se detuvieron en el borde de mi cama y sentí cómo dos ojos perforaban la parte de atrás de mi cabeza. Pude escuchar gotas cayendo al piso, oler la mugre de sus zapatos. Sentí su respiración en mi nuca, y escuché una voz profunda, quizá muchas voces hablando juntas: «Ven conmigo».
No quería moverme. Solamente quería esconderme en mis cobijas hasta que se fuera. Entonces él, o ellos, dijeron las palabras que cambiarían por siempre mi vida: «No somos de quienes tienes que esconderte, pero si te quedas acá, ellos podrán encontrarte». El uso del plural viniendo de este hombre me asustó y confundió. Tenía tantas preguntas, pero primero debía enfrentarme a mis temores, y seguir a esta cosa.
Me levanté de mi cama y volteé hacia al hombre; me miró a los ojos, no, miró a través de mis ojos. De nuevo las voces hablaron, «No nos temas, te mostraremos. Síguenos». Con eso, el hombre se arrojó por la ventana. Me sentí obligado a seguirlo. Cerré mis ojos, y fui tras él.
Tres pisos es una larga caída para alguien de mi tamaño. Mientras el suelo se acercaba, esperaba descender más y más lento hasta caer perfectamente parado. Esperaba que el hombre estirara sus brazos y me atrapara. Esperaba que algo mágico pasara… el sonido de mis huesos quebrándose contra el suelo, no era lo que esperaba.
Me quedé ahí, con la espalda contra el suelo. Podía sentir la sangre saliendo de mi cabeza y goteando por mi oído, mi visión nublándose.
Miré una figura parada frente a mí. Las voces me dijeron sus últimas palabras: «Ésta era la forma menos dolorosa de ayudarte, por favor perdónanos. El único lugar donde realmente puedes esconderte sin nunca ser encontrado, es la muerte».

Experimento Ruso del Sueño

Experimento Ruso del Sueño


Investigadores rusos en la década de los 40, hicieron un experimento utilizando a 5 prisioneros políticos que eran considerados enemigos del estado. Se les prometió falsamente que serían liberados si accedían voluntariamente a ser usados como conejillos de indias durante una prueba, en la que se probaría sobre ellos un nuevo gas excitante que los iba a mantener despiertos durante un mes entero. Fueron confinados en un habitáculo sellado en el que se controlaba el consumo de oxígeno y se les administraba el gas en su dosis exacta, ya que en dosis más elevadas era mortal. No tenían camas, ya que no iban a dormir, pero tenían agua, alimentos secos para un mes, un inodoro y cosas para leer. Para observar el experimento, se disponía de una ventana de cristal grueso, con un diámetro de 5 pulgadas, y varios micrófonos.
Los primeros 5 días transcurrieron bien, pero a partir de entonces, los sujetos empezaron a mostrar paranoia. Dejaron de hablarse entre ellos y empezaron a susurrarle a los micrófonos. Los investigadores sospecharon que este era un efecto secundario del gas.
A partir del 9º día uno de ellos empezó a correr por la sala gritando sin parar durante 3 horas. Después de ese tiempo, seguía gritando pero ya no sa lía sonido de su garganta. Los científicos pensaron que físicamente se había destrozado las cuerdas vocales. Pero lo más sorprendente fue la reacción de los otros 4 individuos. Ellos siguieron susurrándole a los micrófonos como si nada pasase. Pasado un tiempo, ocurrió lo mismo con un segundo sujeto. Los otros tres presos, tomaron un libro, le arrancaron las hojas y las pegaron una a una con sus propias heces sobre la ventanilla de observación. Los gritos se detuvieron de inmediato, y también los susurros. Y así estuvieron por otros 3 días.
Los científicos sabían que las 5 personas estaban vivas porque el consumo de oxígeno en el interior se correspondía con el de 5 personas realizando ejercicio físico intenso, pero no podía oírse nada en el interior. En la mañana del día 14 los investigadores hicieron algo que nunca planearon. Le hablaron a los presos por un intercomunicador, buscando su reacción. “Vamos a abrir el habitáculo para comprobar los micrófonos. Aléjense de la puerta y túmbense en el suelo. Si no lo hacen les dispararemos. Pero si hacen lo que les decimos, uno de ustedes será liberado de forma inmediata.”.
Pero la sorpresa fue mayúscula cuando oyeron una voz que les respondía desde el interior: “Ya no queremos que nos liberen”.
Finalmente decidieron abrir la cámara en la medianoche del día 15. Primero se extrajo el gas del interior y se remplazó por aire fresco. De inmediato, 3 voces empezaron a suplicar desde el interior de la cámara que les volviesen a aplicar el gas. Cuando los militares entraron, y vieron el panorama, empezaron a gritar más fuerte aun que lo que lo hicieron los presos en su día. 4 de ellos estaban todavía vivos aunque su estado era difícil de describir. Las raciones de comida a partir del sexto día estaban intactas. Había trozos de carne de los sujetos obstruyendo el sumidero de la habitación impidiendo que se evacuase la sangre que se acumulaba alrededor. Los 4 supervivientes tenían grandes porciones de carne arrancada. Los huesos de sus dedos estaban expuestos, y la manera en la que tenían las heridas indicaba que ellos mismos se habían arrancado la piel con sus propias manos. Se habían abierto el abdomen, quedando a la vista los intestinos, que salían de la cavidad estaban sobre el suelo a su lado. Podía verse que estaban digiriendo algo: su propia carne.
Los militares eran soldados de operaciones especiales, pero rehusaron volver a entrar a recoger a los presos. Ellos, mientras, seguían rogando que les volviesen a suministrarles el gas.
Finalmente les convencieron, y entraron a sacar a los 4 supervivientes. Todos ellos ofrecieron resistencia. Uno de ellos, que luchaba contra los médicos y militares, recibió una dosis de morfina 10 veces superior a la dosis normal de un adulto y aun así no consiguieron sedarle. Murió desangrado.
El que se encontraba en peores condiciones de los tres que quedaban fue ingresado en una sala de operaciones. Mientras que le devolvían sus intestinos a la cavidad abdominal comprobaron que era insensible a la anestesia. Fue operado despierto mientras que forcejeaba con tal fuerza que arrancó las correas de cuero que le sujetaban las muñecas.
El siguiente en ser puesto en la mesa de operaciones fue el segundo que se destrozó las cuerdas vocales. Como no podía gritar solo movía violentamente la cabeza para protestar por la retirada del gas. Le restituyeron los intestinos y le cubrieron la cavidad abdominal con lo que le quedaba de piel. A este preso ni siquiera intentaron aplicarle anestesia.
Los investigadores se preguntaban por que deseaban que les volviesen a proporcionar el gas. Uno de los presos les respondió “Tengo que permanecer despierto”.
Así que tomaron a los tres supervivientes y los devolvieron a la sala de experimentación, atados a las camillas mientras que se les realizaba un electroencefalograma. Todos ellos dejaron de luchar cuando volvieron a notar el gas. Las líneas del electroencefalograma eran normales, pero en ocasiones se volvían planas, como si ocurriese una muerte cerebral.
Uno de los investigadores le preguntó al que todavía podía hablar: “¿Qué eres?”
“¿Ya lo has olvidado? Somos la locura que se esconde dentro de todos vosotros, rogando en todo momento ser liberada, desde lo más profundo de la mente animal. Somos de lo que te escondes cada noche en el interior de tu cama. Somos lo que ocultas en silencio cuando vas  al refugio nocturno donde no podemos pisar “.
El investigador hizo una pausa, y finalmente le disparó.

Chucky realmente existio


                              

Child's Play (Chucky) 1988

Este es un filme que todo mundo conoce, choteado hasta el cansancio como uno de los disfraces de halloween más populares. La historia de Chucky el muñeco diabólico comienza cuando un asesino, Charles Lee Ray es herido de muerte por la policía y en su intento de escapar transfiere su alma a un muñeco que se encuentra en una juguetería donde se resguarda del tiroteo propiciado por los agentes de la ley.

Días después este mismo muñeco cae en la manos de Andy, que es un pequeño niño que soñaba con poseer al popular juguete (como dato curioso el otro famoso niño, cuyos juguetes cobran vida en Toy Story también se llama Andy), sin embargo el terror se desencadena cuando Andy se da cuenta que el muñeco esta vivo y que su intención es vengarse de todos los que provocaron su muerte, para culminar poseyendo al niño y transferir su alma al cuerpo de Andy.

Pero lo curioso del caso que rodea a la película es que fue inspirada en sucesos reales que atormentaron a un niño a principios del siglo XX en Florida, Robert Eugene Otto quien creció para ser un excéntrico y trastornado artista envuelto en una diabólica historia, recibió cuando era niño, un muñeco hecho a mano, el niño inmediatamente se enamoró del juguete y lo llamó igual que él, Robert el muñeco, al pasar el tiempo, los padres de Eugene notaron que el niño se pasaba el tiempo platicando únicamente con Robert, se hicieron amigos inseparables, pero fue entonces cuando extraños acontecimientos tuvieron lugar en la casa, objetos que salían volando y se rompían al estrellarse contra las paredes, a lo que Eugene argumentaba “fue Robert mamá”.

Al Pasar de los años Eugene ahora como adulto se convirtió en un pintor destacado de la comunidad, pero siempre argumento que su talento se lo debía a Robert el muñeco, todas sus obras las hizo a puerta cerrada contando solo con la compañía del juguete, cuando Eugene contrajo nupcias con su novia Anne, inmediatamente le presentó a la fuente de su inspiración, el muñeco Robert.

Sin embargo a su esposa desde el principio le causó cierto sentimiento de escalofrío, obligando a Eugene a encerrar al muñeco en el ático de la casa; pasó el tiempo y Eugene cambiaba paulatinamente su carácter, argumentando que a Robert no le gustaba estar en el ático y que se enojaba cada vez más de estar ahí, así que a pesar de la molestia de sus esposa Eugene mudo a Robert al cuarto de visitas, donde los vecinos que podían ver el interior del cuarto, en mas de una ocasión notaron al muñeco moverse de ventana en ventana siguiendo con la vista a sus hijos que iban a la escuela.

Tras varios acontecimientos por el estilo hay dos que fueron atestiguados por otras personas, en una ocasión un plomero fue a arreglar las tuberías, trabajando en el cuarto donde se encontraba el muñeco, este se levanto de donde estaba y se acerco al plomero burlándose de él con una risa propia de un niño pequeño, el trabajador salio despavorido de la casa.

Años después que Eugene murió la casa fue comprada por una familia con una niña pequeña, la niña encontró al muñeco que estaba arrumbado en el ático, la niña pasó todo ese día platicando con Robert, pero al llegar la noche el muñeco que estaba acostado junto a ella se levando de la cama, lo que provoco que la pequeña niña gritara de pánico, los padres corrieron a su auxilio, topándose con la puerta del cuarto cerrada y trabada, después del acontecimiento la niña explicó que fue el muñeco Robert quien trabó la puerta y que se reincorporó en la cama para intentar matarla.

Actualmente Robert el muñeco se encuentra en un museo en Florida, aún hoy en día los trabajadores del museo aseguran que el muñeco esta poseído y que en varias ocasiones lo han visto moverse, y si cualquiera de los visitantes al museo desean tomarse una foto con Robert primero deben pedirle permiso y esperar a que este les de su autorización moviendo la cabeza, ya que de lo contrario cosas malas pasaran en su casa.

Sea o no real estos acontecimientos la verdad es que le dan un sabor extra a las películas que tanto nos fascinan a todos y de cierta forma me dejan pensando, ¿Por qué en lugar de hacer películas medianamente palomeras no se dedicaron a contar la historia tal cual pasó, tal y como lo hizo William Friedkin en El Exorcista?

Los zombies del sífilis en las calles de Italia

 Los zombies del sífilis en las calles de Italia

En 1494 Italia no se parecía en nada a la que conocemos hoy en día. Un enorme brote de sífilis asolaba la ciudad, y la enfermedad no era escondida con vergüenza, como sucedería años más tarde, sino que se sufría frente a todo el mundo.
La enfermedad causaba que la piel en el rostro de las personas se cayera, así como las extremidades y los genitales. En términos estéticos, era prácticamente como vivir en una película de zombies. Las personas morían en el correr de algunos meses, con su piel completamente destruida.

El hombre que intentó salvar a Lincoln

  El hombre que intentó salvar a Lincoln

Aunque sabemos exactamente qué pasó cuando Abraham Lincoln fue asesinado, y también conocemos el nombre del asesino, poco sabemos del hombre que intentó salvar al presidente. Henry Rathbone estaba allí con su esposa cuando falló en su cometido: no pudo salvar a Lincoln y esto cambió su vida radicalmente.
Rathbone nunca se recuperó mentalmente e intentó matar a sus tres hijos 18 años más tarde. Cuando su esposa lo impidió, la apuñaló y luego intentó suicidarse. Cuando la policía lo encontró, el hombre seguía repitiendo que había personas escondidas detrás de los cuadros. Vivió el resto de su vida en un asilo, convencido de que alguien intentaba envenenarlo a través de las paredes.